Pasteles de Antigua

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Una herencia convertida en tradición

Pasteles de Antigua es sinónimo de Bertita y de su masa única de pastel. Bertita, como muchos le conocían, además de la persona positiva y cariñosa que todos llegamos a conocer, reflejaba algo diferente y especial.

Mi nombre es Vivian, hija de Bertita, quien les compartirá un poco de su perspectiva, de su trabajo, del esmero, de la creatividad y la responsabilidad que tenía con cada uno de sus pasteles.

La pastelería nació en Antigua Guatemala, de ahí su nombre. En esa época vivíamos momentos muy difíciles, y con mi mamá decidimos emprender en este negocio. Como ella siempre me enseñó, “de lo malo siempre hay algo bueno”, de esta época lo único que recuerdo son nuestros inicios en este negocio, mas no las dificultades que pasamos.

Mi mamá llevaba muchos años haciendo pasteles, desde que yo era una niña. Cuando tenía ocho años, me enseñó hacer turrón, a los doce me enseño a hornear con su receta, la que fue perfeccionando con el tiempo.

El trabajo de repostería siempre lo llevó dentro de su corazón, le apasionaba. Sus pasteles eran “sus bebés”, porque ese cuidado tenía con cada uno de ellos. Ella me explicaba que el momento del pastel es un momento único, en el que la Quinceañera o los Novios son el centro de atención, y entonces “no podía quedar mal con el pastel”.

Ella me enseñó a amar lo que uno hace, a dedicarle todo el esmero y cuidado posible, no vale el “ahí se va”, eso no existe en nuestro vocabulario. Mi mamá forjó pilares importantes en la pastelería, como son: bondad, nobleza, transparencia, trabajo duro, amar lo que uno hace. Y a pesar que ella ya no se encuentra con nosotros, son los pilares que siguen sosteniendo a Pasteles de Antigua.

Las recetas de sus pasteles no son la herencia más importante que me ha dejado, sino que me dejó la receta más importante, su receta de la vida.

La receta de vida que me enseñó fue la siguiente:

Ingredientes:

  • Pasión por el trabajo
  • Esfuerzo
  • Valor
  • Transparencia y honestidad
  • Corazón

Instrucciones:

  1. Tome lo que hace, y póngale mucha pasión por hacerlo. Mézclelo hasta que el trabajo se vea bien hecho.
  2. Cuando este en punto que no existan palabras para describirlo, agréguele esfuerzo. Esa cantidad adicional de esfuerzo hace que el trabajo bien hecho quede mejor.
  3. Al terminar de mezclar, tenga a mano valor. A veces la mezcla anterior no ha quedado del todo bien y se necesita de valor para volver a empezar y lograr una mezcla perfecta.
  4. Hornéelo con mucho corazón, esto le imprimirá mucho amor a su preparación.
  5. Por último, decórelo con transparencia y honestidad, es la mejor decoración que cualquier trabajo puede lucir.

La receta de la vida y su legado, sigue en nuestros corazones y en el de todos aquellos que seguimos trabajando duro y con amor en Pasteles de Antigua.

En honor y recuerdo de nuestra Bertita.